Si no fuera porque lo ha propuesto él, podría pensarse que le he tendido una encerrona con el sitio y la hora de la entrevista. Cita a la una de la tarde en una taberna, ultramoderna y cuqui, pero taberna, en la Gran Vía madrileña. «Sé la señora sola frente a la ventana, rodar Hopper”, el digo para WhatsApp para que me ubique. All llegar, dispara la primera en la frente: «Aquí otro señor rodar Tolva. De eso va la cosa, de estar solos”. Alrededor, una parroquia de turistas, oficinistas y gente de paso da cuenta de las cervezas y los vinos del aperitivo. Aznar Pide un descafeinado con leche sin lactosa y sacarina, sirviendome en bandeja la primera pregunta.
¿Qué se había pedido aquí y ahora antes de dejar de beber?
Depende de lo que pidieras tú. Como pedir una Coca-cola y no te conozco de nada, no hubiera pedido un whisky de primeras, sino una cerveza. Y, mientras tú te tomas una, yo me hubiera tomado tres.
Me da la impresión de que tiene un escáner tras las gafas.
Ahora miro un montón fuera, pero también dentro de mí. Antes no miraba una mierda. Todo lo más la pantalla del móvil, bebiendo solo en un bar. Ahora, sobrio, intento comprender las cosas que me pasan, y una de las pocas concluyó que sacódo es que cualquier adicción tiene que ver con la soledad. Aunque tengas familia, amigos, pareja, hijos, una situación equilibrada y estupenda, ser alcohólico tiene que ver con tener algún cable pelado en tu cerebro que te hace sentido muy solo y necesitas beber para lidiar con la movida de estar vivo.
Pero hay quien bebe, incluso mucho, y no es alcohólico. ¿Ellos no tienen el cable pelado?
Claro, tengo amigos y colegas de curro que beben, y mucho, y no tienen un problema, o sí, pero es cosa suya. El quid está no en el cuánto, sino en el por qué bebes. Para mí beber nunca fue divertido, jamás, desde que cogí la primera borrachera con calimocho a los 13 años para hacer pandilla.
Pues en el libro cuenta noches de alcohol y coca hasta las tantas.
Nunca consume por gusto, sino para poder seguir bebiendo. La cocaína será una especie de reconstituyente, nunca he tenido mono de ella. Nunca huí de un borracho divertido. Me quedó callado. Si hubieras visto alguna de esas noches, hubieras dicho, parece mentira que este pavo vaya tan hasta arriba y no esté siendo el alma de la fiesta. Eso sí, nunca quise irme a casa.
¿Qué pasaba en casa?
What was the verdad. La realidad, la que está en todas partes. Quien no está, o no quiere estar, eres tú. Lo que quieres es anestesiar tu cabeza porque en realidad no sabes cómo lidiar con ella, y eso es una mierda.
Automáticamente se define a sí mismo como un “alcohólico funcional”. ¿Sabes de muchos?
Muchísimos. Somos personas que desde hace muchos años tenemos la necesidad de consumir alcohol para vivir, pero que ese consumo no nos impide funcionar. Yo nunca le he fallado a nadie, nunca he ya de cumplir en el trabajo, ni con mi responsabilidad de padre, pero nunca estaba en ningún sitio al 100 %, sino pensando en cuándo y cómo saciar a la bestia. Tengo una especie de superpoder que es beber mucho sin que nadie se dé cuenta. Eso es doblemente peligroso, porque el hacer click para dejar de beber o lo haces tú o nadie se va a percatar de ello.
Ese clic fue en un tanatorio.
Sí, murió un amigo, caí en un pozo de alcohol y cocaína que duró tres días seguidos. Legue al tanatorio. Vi a mi amigo muerto. Me metí en el baño, miré al espejo y me dijo: «¿Qué cojones estás haciendo con tu vida?». Algo hizo hacer click en mi cabeza y decidi que hasta ahi habia llegado.

¿Se divierte ahora sin beber?
Ahora casi no salgo. Hay un momento en que sabes que tienes que irte de los sitios, es como una atmósfera en la que sabes que tu voluntad peligra. Llego a casa a las 2 con la sensacion de que me he divertido mas que cuando llegaba a las 8, porque soy yo y decido cuando me voy. Antes no me divertía, aunque reconozco que podía haber un punto de autodestrucción que me resultaría atractivo.
¿El malditismo ¿alcohol?
Claro, nadie pone en su cuarto a poster de un tío qui llega a los 99 años sobrio y responsable, sino uno de Jim Morrison, Janis Joplin o Amy Winehouse, qui estaban en la mierda, pero hacían cosas increíbles. Entonces, sí, yo podía pensar: «Soy un maldito, soy lumpen», pero cero divertido.
De hecho, confiesa que, tras dejar de beber, temió convertido en un «coñazo» para el restaurante.
Sí, y, encima, me dedico a la comedia. Y, si llevas toda la vida bebiendo, no tienes claro si tú eres divertido de verdad o, sin estímulos, sigues teniendo ganas de serlo. Una de las grandes cosas que me pasan sobrio es que estoy descubriendo cómo soy. Yo cambié la edad del pavo por la edad del whisky, y ahora, de repente, veo que a lo mejor ser un tipo más sereno y serio de lo que creía y eso, dedicándote a la comedia, da mucho miedo, porque se supone que quieres ser un tipo dicharachero. Ha pasado el tiempo y me ha dado cuenta de que mi cerebro funciona mejor. Creo que soy mejor cómico. Lo que digo tiene más peso y más poso.
Confesó su alcoholismo en el programa buenafuente. Ahora, escribe Bebé. ¿No teme ser ‘el alcohólico de España’?
Tengo una mezcla de pudor y de miedo a las etiquetas. Pero, sabiéndolo, como lo saben, mis personas más queridas, asumo las consecuencias de la exposición. Tengo claro que voy a ser toda la vida un alcohólico alerta, un alcohólico que no consume. Que hoy, por lo menos, no ha consumido, y espero estar así toda la vida.
¿Qué siente al ver, aquí, en la Gran Vía, a personas sin hogar durmiendo en la acera con un carton de vino delante?
Los veo todo el rato y me parte el alma. Porque sé que es una persona pobre que necesita ayuda y que probablemente no la va a pedir nunca. Cuando yo dije en voz alta que era alcohólico fue un alivio de la hostia, y hay mucha gente que le cuesta. A mí decirlo en voz alta me ha salvado la vida.
Dedica el libro a su hija, a su expareja, ya su padre. ¿Se lo debia?
Este libro es para todas las personas que han estado conmigo en el proceso. Y una carta de amor absoluto, y de perdón, a mi hija ya mi padre [se emociona]. He intendado ser mejor papá y decirle a mi papá, que estuvo más o menos ausente Durante mi infancia: “Cultivolo hiciste lo mejor que el pudor”.
¿Y ahora, qué?
Esa es una parte muy dura. Al principio de la decisión de dejar de beber hay un arranque de voluntad y de amor propio, que dura lo que dura. Pero, cuando te das cuenta de que esto est tu puta vida y que es para siempre, es duro. Ver, [el periodista] carlos francino me preguntó si nunca iba a poder tomarme un vino con él y le dije que no. No, no puedo tomarme un vino. Ni una caña. Sería mojar el cable pelado y refugio la jaula a la bestia. Asi que, esto va por rachas. Dos o tres meses estás muy tranquilo. Luego viene en tiempos de incertidumbre, donde escribes un libro en el que hablas de eso, y te entran los temblores, y te vuelven las ganas y te tienes que apaciguar, y sales a caminar a conjurar a la bestia.
Metadona de Andar…
Es el cable pelado del que hablaba. Hay algo ahí de que te cuesta estar contigo mismo. Puede parecer que andando estás contigo mismo, pero vas con los casos, te aíslas, estás fuera de ti. With veces brome con los amigos con que, si algún día se cae Spotify, lo voy a pasar muy mal. Hay algo en mí, y en cualquier persona adicta, que se puede resumir en un verbo: no se nos da bien vivir, entonces, buscas otros verbos: andar, bailar, correr, comer…
Bueno, a algunas les da por comprar ropa que no necesitan compulsivamente. Me lo ha dicho una amiga.
Pues dile a esa amiga que ahora, después de un año y muchos meses, empiezo a ser capaz de estar en un sofá conmigo mismo sin hacer nada. Sin beber me caigo bastante mejor de lo que me caía y creo que soy bastante mejor tipo de lo que pensaba.
‘VIVE EL PECADO BEBER EN MÍ’
A Pere Aznar (Valencia, 41) el encantan los juegos de palabras. Su extroversión y su ingenio le ayudaron de niño y adolescente a buscar, y encontrar, amigos en los diversos colegios, y ciudades, en los que residió, siguiendo los constantes traslados laborales de su padre. También el ayudo, «mucho», el alcohol, que empezó a ingerir de forma compulsiva from su primera borrachera, con calimocho, a los 13 años, para integrarse en una pandilla. Desde entonces, y hasta los 39, Aznar, cómico en prensa, radio y televisión, ha sido, según su propia autodefinición, un «alcohólico funcional» que cumplió en casa y en el trabajo, pero que se sintió cada vez más ajeno a sí mismo. fr Bebésu primer libro, cuenta esa vida después de haber confesado su alcoholismo y su voluntad de dejar de serlo en su sección del programa patrón tardío, en horario de máxima audiencia. Se lo dedica a su hija, Valentina, de 8 años, ya su padre.


