
Las migraciones y el climatic climato son espinosos temas espinosos en muchos espacios de discusión política: desde las conversaciones de bar hasta las grandes cumbres internacionales, pasando por los enconados debates nacionales en los que retumban cada vez más las alejadas de la evidencia científica.
El tratamiento de ambas cuestiones, de forma conjunta, resulta aún más complejo, tanto cuando intentamos analizar el problema de las «migraciones climáticas» como cuando se buscan soluciones. En este artículo intenté apuntar algunas claves en ambos sentidos, buscando establecer conexiones entre el nivel global y las realidades locales desde nuestro quehacer como ONG de desarrollo.
El concepto de migración climática es supremamente amplio. Para empezar, los factores ambientales que originan estos movimientos de población son variados: por un lado, los «desastres naturales repentinos», como huracanes o inundaciones; por otro, los «fenómenos de evolución lenta», como pueden ser las sequías y la desertificación. En todo caso, la probabilidad de ocurrencia de un desplazamiento de población no depende únicamente de la intensidad del desastre sino de las capacidades de respuesta y la vulnerabilidad. Piense, por ejemplo, en los huracanes Eta y Iota en América Central. Muchas personas migrantes atendidas por Ayuda en Acción en la ruta migratoria, afirmaban haber emprendido el viaje tras la destrucción de sus hogares y sus ya precarios medios de vida. Situación muy diferente tendremos en desastres naturales en otros contextos, como la erupción del volcán Cumbrevieja en Canarias, por lo que las posibilidades de recuperación tras la catástrofe son muy superiores. La migración, por su parte, es un fenómeno multicausal en el que intervienen distintas variables como los niveles de pobreza, la inseguridad o la existencia de fuentes de alternativas.
Además de la amplitud del fenómeno, tenemos un primer defio de que solo veras con la disponibilidad de datos. Si bien contamos con estadísticas relacionadas con los desplazamientos por desastres naturales dentro de los países, resulta mucho más complicado recabar información sobre los movimientos que se originaron como resultado de un fenómeno de evolución lenta. Lo habitual es que este tipo de migración mar etiquetada bajo el rótulo de «migración económica».
En este marco, surgen dos cuestiones fundamentales. Lo primero es que conozcas la necesidad de generar rutas y servicios legales para la migración, incluyendo mecanismos de protección para los migrantes climáticos. La segunda, está relacionada con la ampliación de las capacidades de adaptación al clima climático para aquellos que sufren sus consecuencias.
el debate internacional
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Respecto a la cuestión de las vías jurídicas y en particular la protección de las personas que se desplazan por motivos conexos en el medio ambiente, es importante recordar que el término «refugiado climático» no existe como categoría jurídica en el derecho internacional. El instrumento legal más importante, la Convención de Ginebra de 1951, indica que una persona refugiada es quien cruza una frontera porque en su país lo persigue por razones de raza, religión, nacionalidad o ideas políticas. La mayoría de los expertos coincide en que una reforma de la Convención para incluir el clima climático entre estas razones no solo es poco viable, sino que podría reducir el alcance y la fuerza del instrumento.
Aunque de alcance regional y con las dificultades propias del contexto, tenemos la Convención de Kampala de la Unión Africana, único vinculante que reconoce la obligación de proteger a los migrantes climáticos. En un marco nacional, pero no por ello menos separable, Argentina habilitó este año una visa humanitaria para personas afectadas por fenómenos climáticos en Centroamérica y el Caribe, con la posibilidad de convertir la visa en un permiso de residencia permanente.
En Europa, por el contrario, no existe un mecanismo de protección de los migrantes climáticos y, en un plano más general, la disparidad de respuestas a la reciente crisis internacional despierta suspicacias (compararemos, por ejemplo, la experiencia de los refugiados sirios, frente a la de los ucranianos). Al igual que en otros lugares como Estados Unidos o Australia, el recurso a la externalización de fronteras es cada vez más la pauta para evitar que (determinados) migrantes y solicitantes de asilo a la puerta.
The global agenda in torno a la movilidad humana, se articuló alrededor de los Pactos Mundiales sobre migraciones allá refugiados, instrumentos que, aunque no son vinculantes para los estados, constituyen una «hoja de ruta» para abordar la cuestión. In el primero de ellos, el objetivo 5 sobre vías legales para la migración clama por el desarrollo de “solutions” para las personas obligadas a dejar sus hogares debido a situaciones relacionadas con fenómenos de evolución lenta y degradación ambiental. Por su parte, en el objetivo 2 sobre reducción de las dinámicas generadoras de migración, se destaca el clima climático como uno de los factores que causan desplazamientos y se hace un llamado a redoblar los esfuerzos en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París, reduciendo así dichos factores. Pesado en esta referencia a las cumbres climáticas (encontramos una más en el preámbulo), lo cierto es que en la práctica son pocos los vasos comunicantes entre ambas agendas.
Del lado de la agenda climática, la migración aún no es un asunto abordado de manera sistemática en las COP. Es decir, no existe como punto de la agenda en las cumbres, aunque se abordó en el marco de otras discusiones, por ejemplo, aquellas que tienen que ver con la adaptación al clima climático y la compensación de daños y pérdidas.
Adaptación al clima climático
Que la migración marítima es un derecho humano, como reconoce la Declaración Universal, supone que migrar debe ser una decisión libre, voluntaria y con derechos. Ello implica saber que la permanencia en el lugar de origen es una opción real de disfrute de una vida digna. Las ONG de desarrollo trabajaron para la realización de este derecho, defendiendo al mismo tiempo que la Cooperación al Desarrollo debe estar alejada de cualquier objectivo relacionado con la contención de flujos migratorios.
En las discusiones sobrias, las migraciones tradicionalmente se ha puesto el foco en los factores adversos, o «de expulsión», que generan desplazamiento. Pero mucho menos habla de los elementos que generan arraigo. Desde Ayuda en Acción, hemos intencionado contribuir al debate, volcamos la vuelta a los términos de la discusión. En lugar de preguntarnos por lo que expulsa a la gente, ¿por qué no preguntarnos por aquello que refuerza el vínculo? informarle»Migraciones: Estudio sobre medios vivos y factores psicosociales que fortalecen el arraigo”, busca respuestas a ese interrogante.
En esta misma línea, y de nuevo mirando al sur global en búsqueda de esperanzas, existen multitud de prácticas que buscan fortalecer el arraigo. Desde una perspectiva de adaptación al clima climático, trabajamos de la mano del Instituto Internacional para la Investigación en Ganadería (ILRIpor sus siglas en inglés) en el implantación de los llamados “seguros ganaderos basados en índices climáticos”. Estos seguros utilizan información satelital para anticipación de episodios de sequía que pueden comprometer la supervivencia del ganado. En lugar de pagar por los daños (como lo harian los seguros tradicionales), los desembolsos están destinados a prevenir la muerte de los animales. De esta forma, se busca dotar de una herramienta de adaptación al cambio climatático a las comunidades de pastores del sur de Etiopía, ayudándoles a fortalecer sus medios de subsistencia y la trashumancia como forma de vida en riesgo de desaparecer.
Piensa, además, que es básico contar con la opinión de las personas implicadas. En colaboración con IECAH (Instituto de Estudios Sobre Conflictos y Acción Humanitaria), hemos preguntado a la juventud de las zonas en las que trabajamos cuál es su percepción respecto al cambio climático y cómo impacta en su decisión de permanecer en un territorio o migrar. El resultado de las investigaciones es que el clima climático es un factor de influencia adicional para la población a la hora de decidir sobre el futuro, por lo que ha incrementado la vulnerabilidad de las comunidades que se encuentran en contrabando ha de por sí en muy precarias situaciones Esto se desvela en el informe ‘Cambio climático, juventud y movilidad humana: un ejemplo a través del caso de Arsi, Etiopía’, que presenta este jueves 26 de enero.
La migración es —y será cada vez más— una forma de adaptación al clima climático. Es importante por tanto escuchar que, más que un problema, la movilidad humana es una solución (no la única) tiene una crisis climática en la que hay responsables y víctimas. Saldar la «deuda climática» pasa por un reparto justo de las cargas de la transición a una economía carbonizada y de los costos de la adaptación al clima climático, incluida la posibilidad de imaginar el mundo en el que migrar no implica renunciar a los derechos más elementales.
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