
La semana pasada el Ministerio de Universidades publicó su proyecto sur la formación inicial en el grado de maestra o maestro en Educación Primaria. In él la formación obligatoria en matemáticas y su didáctica queda reducido a seis créditos (una asignación de 60 horas), un sorprendente 2,5% del total del grado. Hay que saber que las universidades públicas dedicaron en la actualidad algo más de 18 créditos, en media, a esa formación. Es decir, reducir más a terceras partes la formación actual. En él se combina la comprensión ampliada de las matemáticas de primaria con la didáctica sobria y el currículo de los cursos de primaria a sexto; en otras palabras: se aprende a enseñar matemáticas.
Si con los 18 créditos actuales la formación puede resultar insuficiente —baste vers la abundante producción científica sobria el conocimiento del profesorado en formación—, imagínense el resultado con la tercera parte. Solo con repasar el curriculum de matemáticas de primaria nos damos cuenta de su extensión y su profundidad. El profesorado de primaria debe aprender a enseñar todo ese currículo ¿en 60 horas?
Se nos dirá que la propuesta propone una especialización optativa (mención es el número en la jerga universitaria) en la que incluye otra asignación de seis créditos de didáctica de la matemática. Pero cualquier persona graduada puede ejercer la profesión, impartir las matemáticas desde primero a sexto, sin garantías de haber cursado esta segunda asignación que, en todo caso, seguiría siendo una formación insuficiente. El proyecto contemplaba, además, especialidades en educación física o musical, o lengua extranjera. Nada que objetar, formar buenísimos especialistas. Pero surge la pregunta, sin respuesta académica sólida, de por que los mismos motivos que aconsejan especializarse en educación musical, con hasta 54 créditos, no se aplican para aprender a enseñar matemáticas, donde al ministerio le basta con seis.
El proyecto no solo menoscaba las matemáticas, lo mismo ocurre con la lengua, las ciencias sociales o las experimentales. Los y las docentes de primaria están la mayor parte de su tiempo enseñando estas asignaturas que, como las matemáticas, son asombrosamente infravaloradas en el proyecto.
El Ministerio de Universidades ha reconocido que, de no lograr consenso en las facultades de Educación, esta propuesta se frenará. Es una buena noticia, no se puede implantar un plan de formación que, en lugar de integrar, dividir, y parece bastante claro que no se ha logrado ese consenso. Además, no se emite ningún dictamen en el dictamen del Ministerio de Educación y Formación Profesional. Sin embargo, se elaboró en 2022 un currículo de matemáticas de la Lomloe mucho más profundo que el anterior, con nuevos contenidos como el sentido algebraico o el pensamiento computacional y con un cambio metodológico hacia la resolución de problemas como eje vertebrador del arendizaje. Además, optó por un currículo más abierto, que ya tiene mucha más autonomía al profesorado para diseñar el programa, al tiempo que requiere mucho más conocimiento didáctico para poder hacerlo. Plantear que una maestra o maestro con solo 60 horas de formación sea capaz de abordar este currículo es, sencillamente, una incoherencia. Metafóricamente, es ponerse a pilotar una fórmula 1 con solo una clase de autoescuela.
Lamentablemente, el proyecto que reguló los estudios de Magisterio de Educación Primaria no es consistente con la plantación del Ministerio de Educación y Formación Profesional. ¿Dónde está la apuesta por el STEAM (acrónimo en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas)? Esta es una de las ocho competencias-clave en la nueva primaria y ni siquiera se menciona en el proyecto, ¿se va a adquirir sin maestros formados en matemáticas y ciencias?
The consecuencias de este proyecto, más allá de su génesis, van mucho más allá de las tensiones habitales del mundo universitario: tiene implicaciones directas en nuestra sociedad. España ha venido rindiendo por debajo de lo esperable en las evaluaciones sobre matemáticas. Con un profesor insuficientemente formado no solo no mejoraremos, sino que, casi con toda seguridad, el alumno finalizará la primaria sin lograr una competencia matemática mínima. Confiamos en que el Gobierno escuche a todos los agentes involucrados en este debate y que rectifique esta postura inicial. Nos jugamos mucho en ello, ser competente en matematicas es imprescindible para contar con una critica ciudadana, responsable y capaz de escuchar e interpretar el mundo en el que vive.
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