SEl sábado 11 de febrero, una nueva categoría de manifestantes marchó por toda Francia: los «manifestantes primerizos». Muchos no vivían en París, sino en ciudades de tamaño medio, estos centros de centralidad. Viven en ciudades subprefecturales (Francia tiene 235 de ellas), en pueblos, estas hermosas ciudades que el poder central olvida con demasiada frecuencia. Francia tan cerca y tan lejos de las grandes ciudades.
¿Por qué estos “primo-manifestantes” (artesanos, comerciantes, empleados, etc.) decidieron dar el paso y hacer realidad su oposición a la reforma de pensiones del gobierno? Porque los habitantes de estos pueblos medianos son los primeros en ser penalizados por el contexto económico, político e internacional y por ende por el proyecto de reforma que es parte de un simbolismo sacrificial de las clases medias. Y que también cuestiona el contrato social de la IVmi y Vmi República.
Los habitantes de estas ciudades no se sienten desacreditados, pero tampoco reflejados por el gobierno y, en general, por los decisores públicos. Estos son los votantes de mentalidad republicana que son convocados en cada segunda vuelta de la elección presidencial. Para olvidarlos inmediatamente. El impacto de la inflación es más fuerte en estas ciudades subprefecturales –e intermunicipalidades o zonas de vida– que en las grandes metrópolis (por el tema del transporte, por ejemplo).
La República ya no es una e indivisible
Muchos de ellos han sufrido la peor parte de la globalización y, por lo tanto, de la desindustrialización. Los cascos urbanos, las villas y los pueblos han ido poco a poco viendo marcharse a sus comerciantes, a sus médicos, a sus negocios ya sus jóvenes. Ya sufren desde hace años la desertificación de los servicios públicos, obligándolos a ir a las ciudades para tener acceso, por ejemplo, a un médico especialista.
Hoy, como a todos los franceses, el gobierno les pide que hagan un esfuerzo extra trabajando más tiempo por el mismo nivel de vida. Pero las ciudades medianas retumban porque sienten que están pagando mucho (o incluso más), pero por menos servicio. Y también por menos escucha, menos consideración que los habitantes de las grandes ciudades.
Las desigualdades en el acceso a los servicios públicos no desaparecen con la jubilación o la ratio de edad de jubilación que, por el contrario, las refuerza y refuerza este fuerte sentimiento de injusticia. La República ya no es una e indivisible, contrariamente al artículo 1oh de la Constitución francesa. Se establece un juego de desconfianza entre París y estas ciudades, entre el gobierno y las 235 ciudades subprefecturales.
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