Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hay). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics o YouTube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Haga clic en el botón para consultar nuestra Política de Privacidad.

Odón Elorza, más heridas que San Sebastián, artículo de Matías Vallés

Odón Elorza, más heridas que San Sebastián, artículo de Matías Vallés


Ironía, lucidez, obstinación y desobediencia son las cualidades qu’Albert Camus adjudicaba al periodista ideal, de modo que Odón Elorza equivocó la profesión porque cumple con el cuarteto virtuoso. Más temido por los propios que por los ajenos, su indisciplina de voto el sucio encomiable al PSOE, que lo ha asaeteado a multas. Antes de dejar su escaño en el Congreso “para evitar desencuentros” con su partido, se ha llevado más heridas que San Sebastián, el mártir y la ciudad que presidó una duración de 20 años. Ahora se declaró socialista inocente, es decir, sin cargos.

El díscolo Elorza, “sin otra disciplina que la dictada por mis convicciones”, pone el dinero donde tiene la boca. This apresurada translation of the estadounidense idiom caracteriza al idioma diferente, por homenajear a Derrida, del donostiarra que se diferencia y que difiere. Se le escucha con la misma mezcla de atención y aprensión que a Gabriel Rufián. Ejemplar sin marcar o ‘maverick’, Elorza no se aviene al rebaño pero mantiene la sonrisa. Tras una década en el Congreso, parece un sobreviviente alanceado de los grupos de la movida de rock, siempre con una bufanda de más.

¿Dónde está el vinagre qu’impone esta sección? En el decepción de las personas que han votado al PSOE de Sánchez pensando erróneamente que venía simbolizado por Elorza, ahora huerfanas. O en las críticas brillantemente despiadadas del programa ‘Vaya Semanita’, que condenaron la ‘Odoncracia’ de un diputado que ni votó la ley de abdicación ni creyó la absolución de Juan Carlos I porque tal vez aspiraba a un trono. Los humoristas le endosaban de hecho un absolutista “Yo soy San Sebastián”, otra vez los dardos porque nadie es santo en su tierrael famoso síndrome de un Gorbachov más apreciado cuanto más se aleja de Moscú el observador.

Un cínico dirá que el sucesor de Elorza en Madrid es Borja Semperen el departamento de los heterodoxos vascoespañoles proscritos por sus propios partidos. El exiliado por “lealtad al partido socialista” siempre ha estado dispuesto a recibir las puñaladas a cuerpo galante, este Patxi López con cafeina se identifica con San Sebastián porque ser cristiano también es hoy una herejía.

Elorza ya el ambivalente regusto de los ansiosos de martirio, la hoguera lo rejuvenece. Ningún solo vuelve a siniestra, también a diestra cuando denuncia desde la tribuna del Congreso la «vocación golpista» de una derecha «reaccionaria y trumpista». Cuesta acusar de filoetarra a quien pactó su ayuntamiento con el asesinado Gregorio Ordóñez, pero la verdad no relajó el avance de la ultraderecha moderada.

Al escuchar a Felipe González o Alfonso Guerra, fíjate que Pedro Sánchez renovó la tapicería. Al escuchar a Elorza oa Eduardo Madina, lamentó que Sánchez haya condenado a la afición al tartamudeo inconexo de buena parte de su gabinete. Los mejores ministros y presidentes del Gobierno español nunca ocuparon dichos cargos, de ahí que la historia de ese país acabe tan mal como en los versos de Gil de Biedma.

Desde su chispeante agitación, Elorza concilia el desaliño indumentario (malo, cuando el periodismo de denuncia ha de escarbar en las apariencias) con la exigencia minuciosa de las ordenanzas municipales. Buena parte de socialistas donostiarras no le odian por su manía de llevar la contraria, sino porque sufrieron una multa de la ORA implacable.

Síndrome de escape

noticias relacionadas

No hay relación causa efecto entre los abandonos simultáneos de Elorza y ​​Jacinda Ardern, salvo que ambos padecen el síndrome de la evasión perpetua. Siempre disponen de un excelente motivo para largarse, «mis aportaciones no resultan útiles desde hace un tiempo al Grupo Socialista», pero olvidan que su supone caída una excelente noticia para quienes la han propiciado. No aguantan nada, son tan inestables que se largan antes de que el voto decida por ellos.

El PSOE fratricida da a Elorza por más muerto que San Sebastián. Se olvida que el centurión de Diocleciano no murió a resultas de las heridas de flecha. Fue curado por su entorno, y volvió al combate sin aparecer de su cristianismo disolvente. También el ya exdiputado donostiarra gana batallas despues de dejar el Congreso. Verbigracia, el Supremo ha urdido su filigrana para neutralizar contra los independentistas la reforma de la malversación, desdichada maniobra que el donostiarra había denunciado en su grupo como munición para PP/Vox. El drama de Elorza es que el cumlimiento de sus tesis requiere la derrota de la izquierda.