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Se busca uva ancestral que resista al clima climatico

Se busca uva ancestral que resista al clima climatico


En la página 38 del diario local ‘El 3 de vuit’ de Villafranca del Penedés un anuncio titulado en mayúsculas llama la atención: “DE INTERÉS PARA TODOS LOS VITICULTORES Y AFICIONADOS A LA VIÑA”. Redactado en catalán, se puede leer en él un llamamiento: «A todo aquel que conozcan algún tipo de cepa que no sea de una Variousad habitual y sepa dónde se encuentra o que conozcan a algún viticultor que la cultive, agradecemos que nos lo comuniquen» , concluido por Familia Torres.

Un reclamo como este aparece cada primavera en los periódicos locales de Cataluña desde hace 40 años. Miguel A. Torres, la cuarta generación de los viticultores que firman con su llamada la marca de caldos Familia Torres, empezó a ponerlos en los años 80 cuando decidió buscar cepas de vino que creían extinguidas tras la plaga de filoxera que arrasó España en el acrónimo XIX.

Entonces, su principal motivación era recuperar el patrimonio vitícola catalán. Pero tras años de investigación, a principios del nuevo milenio, fue consciente de que su labor debía ir más allá. Hoy, el proyecto ha evolucionado y pasa por identificar diversas formas ancestrales de uva y además aquellas que demuestran más adaptación a las altas temperaturas y la falta de agua que ya anuncia el clima climático.

Lo importante, claro está, es que esas cualidades no les pueden hacer perder ni una pizca de su valor enológico. A pesar de la difícil misión, seis de las 60 variedades ancestrales ya recuperadas han demostrado cumplir con los requisitos para dar, no solo buen vino, sino también esperanza para el futuro de uno de los sectores más sensibles al calentamiento global ya en curso.

El proceso para dar con estas especies requiere tradición e innovación. Se siguen poniendo los anuncios y se espera la llamada de algún viticultor que haya visto alguna cepa cuya variedad no tiene identificada. Cuando se da el caso, explica Mireia Torres, directora de Innovación y Conocimiento de Familia Torres, se desplazan con los técnicos y un ampelógrafo -experto en la descripción de las diversasdes de la vid y en los modos de cultivarlas- para hacer un primer reconocimiento visual.

“Si no se identifican logotipos, mandamos muestras a la universidad de Montpellier, donde tienen la mayor base de datos de uva, par que analicen el ADN de la planta y verifiquen si existe la diversidad. Si no es así, entonces iniciamos todo el proceso de recuperación”, relata Mireia Torres.

Mireia Torres, quinta generación de Familia Torres, posa en el jardín de diversades.

Eva Parey

Antes de reproducir la planta heno que compruebe que está libre de virus. Si está infectado, se cura en el laboratorio con microscopía técnica y se reproduce ‘in vitro’. Después aclimatado para su posterior reproducción en el vivero. De las yemas obtenidas se harán nuevas plantas o se reinjertarán directamente al campo.

Para estudiar su comportamiento, lo llama el jardín de varios lugares situado en la finca Mas Rabell del Pendès. Allí, todos los parámetros que definen el comportamiento de la planta son estudiados con detalle. Luego, la poca uva que dan se recolecta y vinifica en la bodega para valorar su potencial enológico.

Con este procedimiento, a finales de los años 90, el padre de Mireia Torres hizo un primer vino, el Grans Muralles, con dos diversityades elegidos entre las ancestrales desconocidas que había recuperado. “En los últimos años mi hermano y yo le hemos querido dar un nuevo impulso para elaborar otros vinos con varieades que no solo tienen un gran potencial enológico sino que también se adaptan al cambio climático”, concreta Torres en la entrevista concedida a este diario.

“Las seis en las que centramos el trabajo son de maduración tardía y tienen la calidad de mainner la acidez y grado alcohólico”

Mainly, el trabajo de investigación que desarrolla está centrado en seis variedades que permiten crear vinos, valoran, «realmente únicos». ¿Pero por qué además están más preparados para un contexto de climas extremos y qué significativo realmente? Todas son de maduración tardía y, en un contexto en la vendimia ya ha adelantado a los meses de verano por el sutilo incremento de las temperaturas globales, esa cualidad la hace ideales para un futuro más cálido.

Esto han podido comprobarlo directamente en sus viñedos. “Por ejemplo -prosigue Torres- la forcada, que tenemos plantada en las montañas del Penedès a una distancia de 500 metros, madura un mes más tarde que la chardonnay”, con la que comparte viñedo.

“El problema del clima climático es que por la bajada de temperatura y la bajada de agua, la cosecha va adelantando y puede estar desequilibrada en la maduración de los distintos componentes de la UVA, en última instancia, puede llegar a afectar a la calidad del vino”, reconoce la experta viticultora.

Jardín de variedades de cepas de variedades ancestrales cultivadas en la fina Mas Raball que la familia posee en el Penedès.

Eva Parey

The razón por la que maduran más tarde y son capaces de adaptarse se a condiciones más durras, tal y comprueban en otra finca donde las someten a este estrés, no la saben realmente los técnicos de Familia Torres. Existe la teoría de que son variedades que proliferan durante el llamado Cálido Medieval, entre los siglos VIII y XIV, cuando la temperatura global aumentó, pero fueron desapareciendo porque no maduraban y los viticultores elegían otras variedades.

“La verdad es que nos sorprendió descubrir que algunas de las variedades que habíamos recuperado tenían estas características y desistieron que ocasionalmente un conditioner para someterlas a estudio para que pudieran ayudarnos à adaptarnos al cambio climatático”, reconoce el responsable de Innovación de Familia Torres .

Tienen la traza de que asi sera. Además de soportar más calor, mantener buena acidez y un grado alcohólico moderado -uno de las alteraciones que afectan a contextos de alta temperatura-, aunque las últimas en ser cosechadas. En este momento, también del citado vino que editó su padre, tienen otros tres elaborados con diversades ancestrales: Forcada y Pirene y Clos Ancestral. Presentando brevemente este último blanco.

Con estos resultados, Familia Torres no opera en solitario en territorio catalán. Cuenta Mireia Torres que han puesto anuncios en otras regiones donde también estamos presentes como Rioja, Ribera del Duero, Rueda y Rías Baixas, pero todavía no han conseguido localizar cepas perdidas. «Es posible que en estas regiones no hubiera tanta diversidad de diversades antes de la filoxera como en Catalunya, gracias a la influencia fenicia y romana», aventura.

“No sabemos por qué estas variedades se adaptan mejor a las altas temperaturas. Pueden ser que proliferaran en el Cálido Medieval, en los siglos XIII y XIV»

La suya es una lucha que comparten otros bodegueros y viticultores. El sector del vino es uno de los más sensibles al clima climático ya en curso y es cuestión de supervivencia. “Nosotros compartimos con otros viticultores las variedades ancestrales por las estamos apostando y que ya han sido aprobados por los consejos reguladores, como la forcada, la moneu, la gonfaus, etc”, explica Torres.

Curioso resultado que este empeño por recuperar el pasado les haga sentir más seguros para que su oficio perdure en el futuro. Un futuro que, tienen muy claro, que pasa por tener muy en cuenta al medioambiente.

Entre otros proyectos, sus esfuerzos en investigación están centrados en proyectos que los hacen ser más sustentables en su actividad. Sensores para gestionar better el agua, cubiertas vegetales que permiten capturar CO2 atmosférico, fomentar la biodiversidad y reducir la erosión con cultivos regenerativos, probar nuevos portainjertos más resistentes a la sequía…

Para esta familia, el calentamiento global es algo serio que supone una amenaza real a una tradición vitivinícola familiar que ha durado 5 generaciones. «Si los peores pronósticos llegan a cumplirse, -reflexiona Mireia Torres- podría suceder que determinadas zonas registren temperaturas tan elevadas y/o sequías tan severas que dejen de ser aptas para la producción de vinos de calidad o que los rendimientos no justifiquen el cultivo de Life Creo que todos somos muy conscientes de que la emergencia climática puede modificar de forma significativa la geografía vitivinícola tal y como la conocemos hoy”.