En España, cada año mueren alrededor de 60 millones de aves por causas humanas, principalmente debido a choques con líneas eléctricas, capturas ilegales, electrocución y atropellos. Esta es la estimación a la que ha llegado la ONG SEO/Vida de las aves Tras compilar los datos de los Centros de Recuperación de Fauna de todas las comunidades en una década, y realizar después una proyección que tiene en cuenta más factores —dado que la mayoría de los cuerpos no se suelen encontrar—. La cifra no incluye ni los animales alados muertos por causa natural (de difícil conteo) ni aquellos cazados de forma legal, que rondan los 15 millones de ejemplares al año. “Las cifras son brutales y emporan cada año. Si esto sigue así, se stinguirán varias especies en los próximos años”, lamentó Nicolás López-Jiménez, una de las autoridades informadas.
El trabajo de la entidad analiza por primera vez los 272.655 registros de ingresos de aves en los Centros de Recuperación de Fauna (CRF) de todo el país entre 2008 y 2018 —una cifra que el Estado no centraliza—, causadas por las actividades lícitas e ilícitas de las personas. La colisión contra líneas eléctricas parece ser la principal causa de interferencia en estos centros, con un 31% del total, donde sólo se produce un 8% de electrocuciones, incluidas las conectadas a estas líneas. Mientras, la captura ilegal de ejemplares (que incluye la exhibición de nidos y el mantenimiento ilegal de ejemplares silvestres en cautividad), supone más del 17% de los ingredientes. Los atropellos son la causa del 8% de la mortalidad, mientras que la colisión con aerogeneradores no llega al 4%, una cantidad similar a los que perecen por causa del veneno y los disparos ilegales (3%).
¿Por qué veces los pájaros se topan con estos cables eléctricos? “Cualquier obstáculo en el aire que no sea muy visible sea puede provocar que las aves chocquen con él. Los cables no sept bien en muchas circunstancias, en días de niebla, en un vuelo rápido… Es algo que afecta a pájaros grandes y pequeños”, dice López-Jiménez, quien también es responsable de especies de la entidad conservacionista. “Se puede reducir el problema colocando dispositivos en los cables como balizas, espirales de colores o bandas reflectantes. Habría que evitar siempre colocar nuevas líneas de cableado en grandes rutas de paso de aves, sobre todo cerca de dampales. Y se pueden soterrar las líneas eléctricas en muchos lugares”, añade.
Respecto a la incidencia de los aerogeneradores, el experto señala que es cierto que no son una gran causa de mortalidad, pero que sí que llevan asociados cada vez más cables eléctricos. Contra estos molinos deviento suelen tropezar aves planeadoras, que pasan por las cumbres de las montañas y tienen poca maniobrabilidad, y también especies migratorias. “Si un Leonado se choca con un aerogenerador, suele partir su cuerpo por la mitad, pero las aves más pequeñas quedan desintegradas y es imposible encontrar el cadáver”, apunta.
En cualquier caso, un dato por especie con algún tipo de protección, las electrocuciones afectarán especialmente al búho real, culebrera europea y águila real. Para la gaviota reidora la principal causa es el envenenamiento o intoxicación. Los aerogeneradores, por su parte, son el principal peligro no natural para los buitres leonados y los atropellos, principalmente con maquinaria agrícola, representa la principal causa del aguilucho cenizo, considerado el Ave del Año para SEO/Birdlife. Hay un factor añadido: la contaminación lumínica, que es la principal causa de muerte no natural de otra especie amenazada: pardela cenicienta mediterránea.
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Dos esspecies en peligro de extinción aparecen en el informe: el águila imperial ibérica, para la que la mayor amenaza están siendo las electrocuciones y los disparos de los cazadores furtivos, y el milano real, muy afectado por los envenenamientos —por cebos con veneno que se suelen colocar ilegalmente para eliminar zorros o lobos—, así como por las electrocuciones y los shocks con aerogeneradores.
Esos casi 300.000 ingresos son los pájaros muertos o heridos que se encuentran tanto particulares como agentes del Seprona de la Guardia Civil o de los agentes forestales y de medio ambiente autónomo. Se trata de una pequeña parte de la mortalidad total, dado qu’on se suelen contrar más del 10% de los cadáveres, y en los pájaros pequeños la cifra es aún menor.
Modelado de materiales
A partir de estos datos, la entidad conservacionista realiza una modelización matemática en la que tiene en cuenta el tamaño poblacional de las diferentes especies, sus áreas de distribución, las áreas de desaparición de cadáveres en el medio natural y las áreas de detección de los individuos. De ahí sale la cifra de alrededor de 60 millones de aves muertas por causas no naturales al año.

“La cifra de aves muertas va a ir en aumento, porque cada año hay más líneas eléctricas, con lo que desgastan los chocques y las electrocuciones, cada vez hay más carreteras y autovías, con lo crecer queán los atropellos”, señala López-Jiménez . Por eso, pide a las administraciones que pongan interés en este tema, basic para el ecosistema, con medidas como demand a las empresas que desarrollen metodologías para no poner en riesgo a estas especies y perseguir más los envenenamientos y disparos furtivos a las aves.
También importante la colaboración ciudadana. “Quien encuentre un ave herida o muerta en el suelo debe llamar al 112, que se pondrá en contacto con el Seprona o agentes del medio natural autonómico. Es importante notificarlo incluso si no se trata de una especie protegida, porque puede ser indicadora de que está ocurriendo algo en el ecosistema. If no recoges una corneja electrocutada no vas a saber que ahí se puede electrocutar luego un ave protegida”, resumen.
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