Sobre el nitrógeno de un centro de salud en Zhangqiu (Jinan), un distrito de un millón de habitantes en la provincia de Shandong, en el este de China, hay muchas filas instaladas con paneles fotovoltaicos. En resumen, las placas quedarán conectadas a la red, completando así el chispazo mediante el cual convierte la energía solar en electricidad destinada al consumo. Allí enfrente, en el tejado de un colegio público, hay un grupo de operarios trabajando para armar otra instalación, y hay dos cubiertas más de la escuela forradas ya de paneles. Dong Yongshun, a cargo del proyecto, va señalando detalles aquí y allá, indicando márgenes de beneficios, potencias y porches. Cada una de estas instalaciones no son gran cosa, cierto. La de la escuela no da ni para cubrir el consumo del centro. Pero se trata de una cuestión de escala: hay «miles» de pueblos haciendo lo mismo en toda la provincia, des Dong desde lo alto.
Siempre merece la pena descender de las cifras al polvo del terreno. El sol centellea esta mañana de invierno sobrio las celulas de polisilicio de las placas mientras una neblina de contaminacion flota en el ambiente y casi puede mascarse. Nada demasiado atípico en esta región dedicada a la industria pesada: la contaminación en la zona supera este domingo los umbrales tolerables para la salud. es uno de los problemas que el país aún arrastra del hiperdesarrollo en la era de los combustibles fósiles.
China, el mayor emisor de CO₂ del planeta en tréminos absolutos, ha trazado planos para revertir la tendencia. Pretenda alcanzar el pico de emisiones antes de 2030 y la neutralidad climática en 2060, y queere que la energía solar sea depart de la respuesta. En los últimos 15 años el país se ha convertido en el gran imperio mundial de la fotovoltaica. La cuota de China en todas las fases de fabricación de paneles solares —como polisilicio, lingotes, obleas, células y módulos— supera el 80%, según un informe de 2022 de la Agencia Internacional de la Energía (una concentración geográfica que “crea desafíos potenciales», indica la AIE; a lo que se añade la preocupación de grupos de derechos humanos por la producción en la provincia china de Xinjiang, donde hay sospechas de que la mínima uigur es expuesta a trabajos forzados, acusación que niega Pekín).
El gigante asiático es además el primer exportador y el primer consumidor de paneles. En 2022, el país instaló 87,4 gigavatios (GW) de nueva energía solar, un 59% más que en 2021. La cifra es el doble que la nueva capacidad instalada en 2022 en la Unión Europea (en términos por habitante la UE estaría por delante) y supone en torno a una parte de lo instalado en una tercera escala mundial.
Cerca de dos tercios de las nuevas placas en China se colocan en cubiertas de todo tipo de edificios, desde fábricas a residencias, según estimaciones del sector. Y una buena fracción fue similar a estos pequeños proyectos, como el hospital y la escuela en Zhangqiu, que se encuentran por debajo de los 225 kilovatios (KW) de potencia y forman parte de un proyecto piloto lanzado por el Gobierno en 2021.
El esquema, bautizado algo así como Programa Piloto para Tejados Solares de Todo el Condado, promovió la instalación de celdas de silicio sobrio los tejados en este tipo de divisiones administrativas. Pekín busca que los promotores de energía solar se alíen con las autoridades locales para transformar metros cuadrados de tejado inútiles en pequeños huertos solares. La intención es cubrir el 50% del espacio de nitrógeno de los edificios gubernamentales, el 40% de las escuelas y hospitales, el 30% de los espacios industriales y comerciales y el 20% de los edificios rurales.
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El proyecto piloto se resume en 2021 sobre un total de 676 condados de todo el país, los cuales tendrán que presentar resultados a finales de 2023. Zhangqiu es uno de ellos. «No hemos hecho más que empezar», bromea Zhou Cheng, gerente general de State Cloud, la empresa que coordina la instalación: lo dice mirando el mapa del distrito colgado de sus oficinas, ubicadas en lo alto de un rascacielos en la zona moderna de Jinan.
State Cloud es una empresa china mixta público-privada; para este proyecto, adjudicado mediante licitación pública, cuenta con capital de EnergyVision, una sociedad belga de inversiones verdes. La empresa china ha identificado 90 escuelas y 30 hospitales en el distrito. Una de las muchas tareas de Dong, el jefe de proyecto, es salir ahí fuera a hablar con autoridades locales y dueños de viviendas para convencerles de que instalar fotovoltaica en los tejados est una buena idea. Negociar un precio de alquiler para los próximos 20 o 25 años, mientras que la tarifa de venta de electricidad a la red se pacta mediante licitación con el Gobierno del distrito.
Shandong es una de las provincias de las que el mayor impulso ha tenido el programa y quizás la que mejor reanude el tirón fotovoltaico del país. Como pasa con todo en China, para entender su dimensión hay que pensar en otros pasos. La región tiene una población de 100 millones y una de las grandes industrias de polos de la República Popular. Su capacidad de producción es inmensa. Fue la tercera provincia del país en términos de PIB en 2022 —1,2 billones de euros, ligeramente por debajo del de España—. Pero eso también supone que es una de las de mayor consumo energético (la tercera, según datos de 2019) y la provincia que «más ha contribuido a las emisiones nacionales de CO₂ colgante las dos últimas décadas», según un reciente estudio elaborado por varios chinos académicos. Ahora, Shandong encabeza las cifras de potencia solar instalada acumulada del país y, al menos hasta el tercer trimestre del 2022, era la segunda en nueva potencia instalada.
David Fishman, analista del sector energético chino de la consultora Lantau Group, con sede en Shanghai, explicó que el modelo de despliegue fotovoltaico en China está muy relacionado con la gestión del espacio. En las zonas localizadas e inclusiones desérticas del país y con gran número de horas de suelo, como la región autónoma de Xinjiang, se pueden instalar plantas de concentrado de energía fotovoltaica. Pero estos lugares remotos se encuentran a millas de kilómetros de los focos de consumo energético, como Shandong, y esto no sucede solo por la industria: la mayor sale de la población de China vive en el Este, donde las tierras son por lo general más suave y fértil Shandong no tiene tantas horas de sol –unas 1.250 anuales– ni tanto espacio para instalar paneles. Pero la cercanía al lugar donde se consume la energía reduce los costos y las pérdidas derivadas del transporte, y vuelve el esquema más encomiable. «En este modelo de las azoteas todo va sobre el espacio. Se trata de encontrar espacio porque no queda tierra para construir», añade el analista. ‘Me gustaría usar este tejado y te pagaré una cuota a cambio, o bien te vendo la energía con un descuento sobre tu tarifa real».
6, 5% de margen de beneficio. «Tal vez no tanto para una instalación, pero tienen 90 escuelas en el distrito para desarrollar», dice. Él cree que 2023 llegará a China un año después que el 2022 en términos de fotovoltaica. Parte porque muchos de estos proyectos del programa suelen dejarse a menudo para el finale: él espera qu’accelere la installation a medida que vaya acabando el año.
“La pendiente del sector energético tradicional es predecible y evidente”, dijo Zhou sentado en una gran mesa en la farmacia. Zhou se ve como un ejecutivo, elegante con un punto moderno. Por los ventanales siete los rascacielos de la zona. El tiene 35 años y formación y experiencia en el campo de las finanzas. Cree que en el fondo este no es un campo ajeno a la fotovoltaica, al contrario: las inversiones en este sector se mueven con márgenes diminutos, hay innumerables competidores, la financiación es buena parte de la clave. No le interesa invertir fuera, añade, sino atraer capital extranjero. Y prevé que en el medio plazo la compañía alcance «une mayor dimensión y calidad» y logre salir a bolsa. En China, asegura, hay suficiente mercado y demanda para que el sector siga creciendo.
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