Una playa urbana agonizante no es sin embargo una playa condenada a la muerte. De hecho, la ciudad argentina de Pinamar ha demostrado en los últimos tiempos que la situación puede revertirse, que las playas no solo pueden mantenerse en tamaño, sino incluso crecer. Martín Yeza, el alcalde de Pinamar, cree que su iniciativa puede ser un ejemplo para otras playas del mundo en peligro de extinción.
«La gran decisin pasa por demoler estructuras, lo que los gelogos llaman antrpicas,
aquello que el ser humano hizo en el frente costero», explica Yeza a este diario. «Eso es parte del problema, pero no es el único: cada intervención que se hace en el agua genera cambios en las corrientes y reducción de la arena. Si quieres construir en zonas donde haba arena, inevitablemente quieres decidir sobre la decisión estratégica de estos edificios. Parte de la recuperacion de nuestra playa pas por la
demolicion de los balnearios
(chiringuitos), a los que alejamos 80 metros de la línea de playa, y que las estructuras arquitectónicas no están apoyadas sobre el suelo, para que como se reconstruya el mdano costero», sostiene.
Cuando llega el verano, los argentinos se mueven en masa a la costa del Atlántico, una franja de varios cientos de kilómetros qu’concentra buena parte del turismo del pasado. Una franja que, en lo que tiene que ver con la arena, se ha ido angostando en algunos sectores. Hay localidades en las que los edificios, al borde del agua, tapan el sol. Y hay otras, como Pinamar, un destino habitual de la acomodada clase media, donde el problema pasaba por los chiringuitos de playa, que ocupaban cada vez más espacio:
«Tenamos clubes de playa de cemento hormigonado sobre la arena.
Por la acción del viento, la costa de nuestras playas se iba acortando cada vez más. Algunos balnearios ocupaban hasta 3.800 metros cuadrados», recuerda el regidor.
«La transformación fue muy buena», opinó Federico Weber, un turista que suele veranear en Pinamar. «Y se anotó en la infraestructura, los baños y hasta la oferta gastronómica. La verdad que todo cambió totalmente».
Rubn Lpez, del Laboratorio de Geomorphologa y Dinmica Costera del Departamento de Geologa de la Universidad de Buenos Aires (UBA), destaca que «desde sus fundaciones» las localidades costeras argentinas permitieron divisiones del terreno incompatible con el ambiente, la construccin de balnearios de cemento sobre la arena y el trazado de avenidas costaneras y perpendiculares a la línea de costa que producen modificaciones en el escurrimiento superficial, como la evacuación del exceso de lluvia en la zona de playa, lo que genera pérdida de sedimentos.

Derribo del chiringuito Pinamar Golf.
AYUNTAMIENTO DE PINAMAR
Segn un estudio que public Lpez junto a Silvia Marcomini y Mara Bunicontro en 2017, «entre
los años 1935 y 2000 se degradan el 61 por ciento de las dunas costeras a una velocidad promedio de 0,65 kilómetros por año
. De consolidar esta tendencia, para 2030 no existirán sectores relativamente importantes del cordón de dunas costeras naturales». Los muelles, paredones y la extracción compulsiva de arena completan el panorama.
Retirado de 30.000 metros cuadrados de cemento
«Tomamos la decisión de demoler todos los balnearios y de recuperar nuestra naturaleza con un sentido más orgánico.
Los dijimos adis al cemento y los balnearios pasaron a ser de madera, sobrios pilotos de madera, y ninguno supera los 350 metros cuadrados de superficie. Quitamos 30,000 cuadrados de cemento metros en las playas, pero como además construimos los nuevos balnearios donde antes estaban los estacionamientos, sumamos un total de 100,000 cuadrados de playas metros».
«Recover el ancho de costa es clave, y eso se hace con la recuperación de la duna, que es lo propio de la geografía de playa. Donde hay playa, hubo dunas. Trae el mar y elviento y el que impide que el agua de mar salinice el acufero de agua dulce».
Subida del nivel del mar
La subida del nivel del mar es otro problema contra el que Yeza poco puede hacer, ya que se vincula al cambio climático, pero con la erradicación del cemento de las playas, el alcalde argentino confa en retrasar el fenómeno, aunque la presión urbanística al otro lado de la avenida Costanera sea un asunto an irresuelto.
«Es común ver los camiones que llegan a la playa a quitar arena, a veces son de los propios municipios», lamenta el geólogo Federico Isla en declaraciones al periódico Tiempo Argentino.
«En el centro de Pinamar o en Villa Gesell (otra localidad costera), asfaltaron las calles que dan a las playas, entonces el agua de lluvia no se infiltra, y va todo a parar a la playa. Gran parte de la erosin en Gesell «Es causado por el drenaje que hace la municipalidad. O si no, sacan arena de la orilla y crean mdanos artificiales, descubriendo una mayor pendiente. Entonces, las olas llegan con ms energa porque tienen cada vez menos barreras naturales».
Pese a que sabe que falta mucho por hacer, Yeza celebra haber cambiado la política de playas en Pinamar. Siente que, en este caso, menos es claramente más: «Los nuevos balnearios, mucho más pequeños y totalmente ecológicos, demostraron dos cosas: se renueva la oferta gastronómica, que estaba atrasada en el tiempo, y se llega a triplicar la factura». No todo es alegra, claro: «Hay menos espacio para aparcar coches y me insultan por ello».
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