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¿Sirve para algo comer 12 uvas en Nochevieja?

¿Sirve para algo comer 12 uvas en Nochevieja?

Actualizado

No soportamos la incertidumbre y queremos controlar el azar. Esta tradición de comer en 12 segundos 12 uvas pone el foco en la esperanza justo en el momento en que el contador vuelve a cero.

Miles of madrileños se toman las uvas en la Puerta del Sol frente al emblemático reloj.
Miles of madrileños se toman las uvas en la Puerta del Sol frente al emblemático reloj.EFE
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Llega la Nochevieja y, con ella, el ritual de las 12 suerte uvas. Doce amuletos que devoramos además correspondientes 12 segundos. Una tradición cultural que consiste en el efecto de una hipnosis colectiva: un país entero engullendo uvas al unísono al ritmo de las doce campanadas del gran tótem: ¡el reloj de la Puerta del Sol! El emblemático (llamado así cada 31 de diciembre).

Vaya por delante que es un ritual que me adorna interesante y entretenido (que decir del nerviosismo anterior, el aviso inevitable del «ojo, son los cuartos», la cara de velocidad -uva en mano- de todo el mundo y los achuchones posteriores porque sí hay un mañana, es más, un año entero).

Además, me pregunto: «¿Qué pensaría si nos observara en este instante un extraterrestre que acabe de aterrizar en nuestro planeta?». Exactamente, come sucede en la divertida novela de Eduardo Mendoza, Sin noticias de Gurb. Preguntaría: «¿Por qué lo hacen? ¿Qué sentido tiene esto? ¿Sirve para algo?».

CEREBRO A DOS VELOCIDADES

Other de los rituales más seguidos es llevar ropa interior de color rojo al final del año para atraer la suerte.
Other de los rituales más seguidos es llevar ropa interior de color rojo al final del año para atraer la suerte.Shutterstock

«El cerebro no busca la verdad, sino sobrevivir», afirmó la psicóloga Cordelia Fire. Está claro que ser los optimistas proporciona más recursos de supervivencia, pues impulsa a luchar por lo queremos, pero sin pasarse de vueltas porque la realidad también tiene sus leyes de subsistencia. Para eso disponemos de «dos cerebros»: uno rapido irracional que cree sin dudar y otro lento racional que reflexiona.

El primero toma decisiones en décimas de segundo gastando muy poca energía, sobre todo, cuando no hay demasiado tiempo para pensar. En su contra tiene que es Esclavo de las emociones. El segundo analiza cada uno de los aspectos de una situación y argumento conclusiones anteriores. Esto supone, su vez, un gasto energético considerable. Merche, mi paciente, con mucho humor, define la actividad de estos dos sistemas con un lapidario «a veces pienso y otras se me piensa«.

Tendemos a funcionar en el día a día mediante el cerebro rápido porque es eficiente y sostenible. Me gusta imaginarme a estos dos cerebros compitiendo como los personajes de los dibujos animados «el Coyote y el Correcaminos». El Coyote (cerebro lento) pasa el día reflexionando para conseguir una idea, mientras que el Correcaminos (cerebro rápido) hace un rato que vio la solución, pues dispone de intuición, creatividad y… ¡atajos! Estos últimos son los responsables de que creamos en la magia durante un rato.

EL CEREBRO TRAMPAS

Los atajos del sistema rápido sirven para soluciones simplificadas y automatizadas a los problemas complejos (dada la ingente información que el cerebro recibe). Se llaman heurísticos (cuando llegamos a soluciones positivas) o sesgos (cuando induce un error).

En 2002, el psicólogo Daniel Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía por haber estudiado el funcionamiento de los sistemas cerebrales posteriores a la hora de realizar juicios y tomar decisiones bajo incertidumbre. Por complejo que suene es lo que todos hacemos cada dia. En su libro «Pensar rápido, pensar despacio» (un ensayo muy interesante para su cerebro «Coyote») describe cómo funcionan estos heurísticos/sesgos para facilitarnos o entorpecernos cuando se nos planta un problema.

RITUALES

Al poner el contador a cero, creo que es un buen momento para empezar a hacer las cosas bien.
Al poner el contador a cero, creo que es un buen momento para empezar a hacer las cosas bien.Shutterstock

En el año 1909, por la buena cosecha de uvas, los granjeros crearon una exitosa campaña de marketing (metieron el excedente de producto en bolsitas de doce por los doce meses y las llamaron «uvas de la suerte»). Desde entonces, a los seres humanos españoles -diría el extraterrestre- les gusta mira hacia el futuro con esperanza y optimismo uva en mano Durante un rato (para sens miedo y ansiedad ya hay otros momentos en el año). Para conseguir esto su cerebro activa los siguientes atajos o sesgos (entre otros):

  • Correlación de ilusiones. La tendencia humana a crear que hay una relación causa-efecto entre dos eventos, aunque no la haya. Desde esa fecha asociamos -sin más cuestionamientou- uvas con suerte. Como pasa con el efecto placebo, si piensas que algo funciona, funcionará.
  • Efecto foco. Our fijamos en un solo aspecto a la hora de hacer valoraciones y pronósticos. Es fácil, si me enfoco en la suerte al empezar el año, mi sensación de satisfacción con la vida será mayor. Ya se sabe, donde pones el ojo pones la felicidad (o la infelicidad).
  • La ilusión del control. La tendencia a crear que podemos influir en determinados acontecimientos, aunque la lógica nos diga lo contrario. Durante doce segundos a todos se nos piensa «con el ritual del cambio de año, cambio mi suerte» (pasado este tiempo el efecto puede esfumarse rápidamente).
  • El positivista o sesgo de Polyanna. Consiste en pensar que no vas a pasar nada malo y que por arte de magia (o de sesgo) el futuro será más que tu pasado al transitar de un año para otro.

EL PENSAMIENTO MÁGICO

Además de los atajos del cerebro, nos ancestros ancestros nos han transmitido su deseo de controlar lo incontrolable y de explicar lo inexplicable. Lo llevamos en los genes, no soportamos la incertidumbre y queremos controlar el azar.

Los pueblos antiguos tienen sus sistemas magicos para Explicar lo que no podría escuchar y sus rituales para influir en su mundo. Los mitos y las leyendas traducen el mundo y Producen sensación de seguridad, por eso, cada cultura tiene su mitología particular. Con esto no quiero decir que al comer las doce uvas actives tu yo prehistórico, pero crear en la magia si tiene algo de ancestral.

A su vez, mientras somos niños hasta los siete años, en la etapa llamada preoperacional, únicamente utilizamos el pensamiento mágico para audition el mundo. servir para desbloquear la creatividad y la intellect a través de funciones básicas de esa etapa, como son la fantasía y la imaginación. Con esto sí quiero decir que, cuando creemos en la magia, activamos esa parte infantil que genera ilusiones.

volante homosexual es el número que da Martín Seligman, en su libro El circulo de la esperanza une esa tendencia humana de mirar al futuro con optimismo y, con esa imagen proyectada, construir el camino del mañana del presente

Así que, con la llegada de la Nochevieja, partimos juntos de la magia del ritual de las doce campanadas, las doce uvas, los doce segundos de ilusión en los que todos al unísono podremos crea que el mundo sera mejor y que, esta vez, todo nos irá bien. El reloj está preparado, tu cerebro también. ¡Feliz Año Nuevo!

EL PODER DE LOS RITUALES

Un ritual es una acción repetida que tiene como objeto conseguir que todo nos salga como esperamos (uvas de la suerte), evitar que algo salga mal (toco madera) o protegerse de amenazas incontrolables (evitar gatos negros). Los rituales se caracterizan por:

  • Participación colectiva.
  • Manteniendo su poder magico a pesar de la evidencia en contra.
  • No hay una asociación entre el ritual y lo que se espera conseguir.
  • Todos tienen un carácter simbólico.
  • Activan la fe y la esperanza.
  • Luchan contra la ansiedad y la incertidumbre.

El pensamiento magico y realizar rituales puede convertir a patología cuando entorpecen la actividad del día a día como en el caso del TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), la ludopatia, los delirios psicóticos, el abuso de sustancias y ciertos trastornos de ansiedad como las fobias.

*ISABEL SERRANO-ROSA es psicóloga y directora de www.enpositivosi.com

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