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Los adolescentes no caben en la ciudad: “¿Qué hacemos, nos sentamos en un banco a que pasen las horas? | Educación

Los adolescentes no caben en la ciudad: “¿Qué hacemos, nos sentamos en un banco a que pasen las horas?  |  Educación


Contenido
  1. Necesidad de contacto físico
  2. Edificio abandonado
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Llegar tarde. José Jiménez, 17 años, sale de su casa en Murcia y empieza a caminar. Se encuentra con varios amigos, avanzan por las calles hablando de música, del ruido, del tráfico, de cómo vivir el ocio con 7,5 euros por semana. Sientan en un banco, en un bordillo, en el suelo. «Al final, no hacemos nada», resume el joven, mirando a cámara, en el video documental Hacia ningun lugar (eso Puede verso en este enlace), una de las acciones realizadas en las últimas semanas por el Observatorio Paula Educación ―un grupo que trabaja en la intersección de la educación con otras disciplinas, como el arte o el urbanismo― para analizar la dificultad de las adolescentes en las ciudades.

La matemática y antropóloga Delia Bento, una de las coordinadoras del proyecto, afirmó que en la base del problema reside el hecho de que nadie ha parado a preguntar a los adolescentes que échan de menos en el lugar donde viven. Una de las chicas entrevistadas afirma en el documental: «No tengo libertad para nada. Ô mer, no puedo hacer nada. Ni puedo estar con mis amigos tranquila, ni puedo escuchar música, porque la gente va me a juzgar, ni vamos a hacer cosas que hacen los crios de 12 años». En algún caso, no podrían hacerlo ni aunque quisieran. La cinta pone el ejemplo del parque murciano El Limonero, enclavado en una zona verde cercana al río Segura, que cuenta con una enorme estructura metálica de 10 metros de altura con zonas para trepar y gigantes slides qu’a José ya sus amigos les gustaría poder usar Pero la edad límite son los 14 años y un vigilante de seguridad les impide acercarse, aunque a veces se cuelan. los bares no podemos consumir alcohol, tampoco tenemos mucho dinero para hacer actividades culturales… ¿que pasan las horas?”, se lamentó José.

Un momento del documental 'Hacia ningún lugar'.
Un momento del documental ‘Hacia ningún lugar’.

El urbanista Rafael Rivera, que ha participado en el proyecto, afirmó que la ciudad resultó un espacio incómodo para buena parte de la población, como los niños, los mayores, las personas con discapacidad y, quizás especialmente, los adolescentes: «Nadie habla de Hola, hijos invisibles, la sociedad los considera en transición, en un paso que los pasará. Como si además de futuro, no tuvieran también un presente». La solución no pasa tanto en su opinión por crear «espacios específicos para adolescentes como por crear espacios colectivos transformables, de poder usar la ciudad de maneras variadas». lo usa de manera diferente. Y siempre habrá alguien que le reprochará que está mal sentado, porque el banco no está hecho para eso. Y la pregunta es, ¿ para qué está hecho entonces?

Necesidad de contacto físico

Para la educadora Chari Cámara, especialista en el uso de juegos para el desarrollo personal, «la ciudad se ha convertido en un no-lugar, en un sitio de paso» que no invita a permanecer, a disfrutarla, que promueve la cultura del quedarse en casa, de hacer actividades individuales, de no compartir. En el caso de los adolescentes, prosigue, las instituciones no se fían, lo que hace que se desaprovechen recursos que ya existen en las ciudades, como los patios de los colegios, que podrían ofrecer una buena alternativa de ocio a esta población fuera del horario colegial. Yes esa falta de acomodo empuja a los chavales a aislarse más en casa, ya dedica más tiempo a los videojuegos y las redes sociales. «Las redes están bien, pero hasta cierto punto», comenta otro de los protagonistas del documental, «también necesitamos conectarnos a nivel físico».

Edificio abandonado

Los responsables del Observatorio Paula han pasado muchas horas preguntado a los adolescentes cómo se siten en la ciudad y qué creen que le falta, y los han acompañado en su deambular por el centro de la capital de Murcia, por calles con aceras en las que no caben tres personas, asediadas por el ruido de los coches, en las que con frecuencia son vistos como agentes molestos por otros grupos sociales. Parte de sus testimonios han quedado registrados en el documental, y en ellos los chavales van deslizando propuestas extrapolables a muchas otras urbes españolas: sitios para patinar; lugares donde poner música o tocarla; más zonas verdes, con césped y árboles que den buena sombra; pistas y canchas deportivas, parques adolescentes, en los que en vez de columpios haya por ejemplo colchonetas elásticas, espacios donde crear arte… Antes del confinamiento, recuerda Jose, un lugar habitual de encuentro de los chavales de su edad será un edificio a medio construir a las afueras de la ciudad. «Nos juntábamos 60 ou 70 porque allí podíamos poner música, bailar, saltar… De allí por lo menos no nos echaba nadie».

Rivera, Bento y Cámara coincide, al respecto, en que la población adolescente se siente “expulsada” de todos esos sitios, continuamente “juzgada” por su comportamiento, pero sin encontrar apenas alternativas. El urbanista aboga por las ciudades más espacios polivalentes, en los que «la diversión se la pueda inventar cada uno», una idea que es tan esencial para Miguel Ángel Cayuela, educador y creador cultural qu’puso en marcha el proyecto Observatorio Paula en 2017 Cayuela defiende la necesidad de pensar en los espacios urbanos sin que sean habitables para todos, y subraya que al ser un lugar mejor para un niño o un adolescente, en realidad se avanza en toda la sociedad.

Cinco de los protagonistas del documental 'Hacia ningún lugar'.
Cinco de los protagonistas del documental ‘Hacia ningún lugar’.

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