«Seguridad, os va o me voy yo“amenazo. Para luego espetar rotundamente al servicio de seguridad del WiZink: “Yo me voy, la gente está aquí para divertirse. No se trata asi a la gente. No hay que tocarla ni empujarla”, y salió del escenario tras interpretar ‘Stella gemela’. Antes se había lucido con solos de guitarra cual estrella de rock. Anoche Eros Ramazzotti abandonó por momentos el escenario del WiZink por el trato dispensado por el servicio de seguridad a sus fans que se congregaron en masa en las primeras filas, en un concierto sentado. Ocurría cuando llevaba ocho canciones de su concierto madrileño. Su tour mánager la convenció entre bambalinas de las que volviera ha sucio. Este arrebato defensivo a sus fans, un punto estuvo de ir a mayores. Los fans salieron en manada con ‘Più che puoi’ a las primeras filas dificultando la visibilidad al público sentado en la pista.
Eran las 21:15 cuando salen los 10 músicos que acompañan al italiano Eros Ramazzotti en un WiZink hasta la bandera. El Italiano aparece ataviado con una chupa de cuero, camiseta negra estampada, culottes y botas militares, cadenas y múltiples tatuajes visibles (¿quién no lleva un tatuaje hoy en día?), como si fuera una estrella punk rock, pero ni de lejos. Arrancan con ‘Batería Infinito‘, la canción de más de 8 minutos con la que cierra su último disco publicada en septiembre del año pasado, y perdonada del presente gira mundial. Se trata de una balada qu’añade un punto sinfónico al clásico pop rock qu’upó en el pasado al éxito a Ramazzotti.
El italiano desgranó sus clásicos populares («Quanto amore sei», «Se bastasse una canzione», «Fuoco nel fuoco», «Terra Promessa», «Cose de la vitta» entre otras), por alegría del respetable junto a temas recientes como ‘Soy’ (‘Sono’ en italiano), el ‘cameo’ de su última disco junto a Alejandro Sanz, que apareció en vídeo en las grandes pantallas del fondo del escenario. Destila sin problemas su fórmula AOR (Adult Oriented Rock), combinada con esa canción light, esas baladas románticas que tanto encandilan sur legión de seguidores.
Ramazzotti combinó a la perfección en su cancionero el italiano y español, en esa odisea de conquista del mercado hispano que practicaron con éxito unos cuántos artistas italianos en los años 80 y 90. La escenografía resultó sobria, pero unas rejas intermedias incomodan (como si fuera un filtro cutre de Instagram) para ver un visual que tiran mucho de naturaleza, elementos como agua, fuego o el punto romántico de flores y otros elementos pomposos, incluyendo un césped en 3D bastante ‘chusquero’.
Eros tuvo lugar a través del escenario alrededor de los valles como un pequeño dios bendiciendo a sus acólitos, de una religión musical infalible amplificada a prueba de radiar hasta la extenuación de sus canciones. En Eros cabe de todo. Estira la epica hasta la extenuación. Marca un desenchufado con un flamenquito de punto acústico, cajón mediante. Y luego explota el poder del saxo come si fuera un Kenny G del siglo XXI, o explore el free jazz. Y también una versión de «No Woman No Cry» de Bob Marley. Todo es atreverse aun cayendo en la obviedad. A pesar de la gran con ‘Più bella cosa’ y con un ‘Te quiero Madrid’ mientras las cámaras enfocan su última camiseta estampada con un ‘No War, Yes Music’. ¿La música comercial nos salvará de la debacle?


